Por alguna razón que desconozco, no me gustan las modas. Y debe ser algo hereditario porque cuando a mi hija le dije que había que ir pensando en el vestido de comunión, ella se puso a hacer un dibujo. Supongo que haber visto material de promoción de la tienda había influido porque este es el dibujo que me enseñó.

 

Tenía claro que lo haría en Navascués, porque conozco a Itziar desde hace muchos años -es “una mamá del cole” y eso da una categoría especial- y conozco su buen hacer que he visto reflejado en muchos vestidos. Además, desde que abrimos la tienda hemos recibido muchas de sus clientes que les aconsejaban encargar aquí los zapatos a juego. Sentía que tenía una deuda con ella que no me importaba en absoluto saldar y era perfecto,  porque no creo que haya muchos talleres en Madrid que llegues con un dibujo y salgas con un vestido. Así que allí nos fuimos una tarde de otoño.

Y allí conocimos también a Guille, que enseguida se entusiasmó como nosotras, nos hizo un boceto y hasta buceó en la película de Coppola hasta encontrar un vestido que nos iba a servir de guía.

Para ser diferente lo primero que tienes que hacer es ser creativa y valiente. Pero lo segundo, y casi más importante, es dejarte aconsejar por profesionales. El dibujo era muy ” de Disney”, el talle era muy bajo, los lazos… ya veríamos, el rosa por delante no acababa de convencernos y la tela… a ver que tela, no olvidemos que es para una comunión y no podíamos caer ni en un disfraz ni en un vestido para una obra de teatro dieciochesca. No estaba claro cómo hacerlo.

Así que decidieron hacer una toile… ¡una toile a una niña de 9 años y para una comunión!!!! En este tipo de gestos es dónde se ven los profesionales de excelencia. Y efectivamente, allá por febrero nos fuimos a probar la toile con los dibujos a lápiz sobre una tela de loneta.

Ya íbamos tomando decisiones, la tela sería un piqué blanco, el rosa sería antiguo como los zapatos, las puntillas y los encajes darían el punto infantil y la medallita iría cosida a un lazo ya que  en el colegio es obligatorio llevar un cordón con la cruz. Esto último se nos ocurrió después de ver un retrato de María Antonieta ¡como no! cuando era niña.

La corona-diadema fue encargada a nuestras artesanas, con un encaje rosa antiguo y plumetti blanco. Es un tocado muy especial porque puede doblarse y parece una diadema por delante y una guirnalda de flores por detrás. En la última prueba ya sólo quedaba poner las cintas cruzadas por detrás, a modo de un corsé tal como ella había dibujado. Ella hizo también el dibujo para los recordatorios porque nadie mejor que ella iba a poder dibujar su vestido.

Personalmente, he disfrutado el proceso tanto como mi hija. Entre las dos nos hemos contagiado la ilusión, la espera, los comentarios sobre las fotos que hacíamos con el móvil… Guille e Itziar son dos seres encantadores que además nos transmitían la sensación de hacer un vestido único, especial, distinto. Gracias, querid@s.

Y así quedó. Mi hija ya sabe lo que es un proceso creativo: el valor de tener una idea, rodearte del mejor equipo posible para llevarla a cabo y defenderla con convicción. No puedes gustar a todo el mundo, pero siempre que mire su vestido se acordará de que no tenía miedo a que hubiera otro igual porque había salido de su cabeza. Algún día se atreverá a ser diferente sin que yo la lleve de la mano. Y es lo que quiero dejarle en herencia.

Sólo tengo un problemilla con toda esta historia. Creí que saldaba una deuda, pero he contraído una mayor. De alguna forma tendré que compensar lo fácil, divertido y apasionante que ha sido esta experiencia. El futuro no está escrito pero yo voy a hacer un brindis al sol: la saldaré con su vestido de novia.

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